El nuevo (des)orden mundial y la estrategia de inversión ante un dólar más débil

Aunque el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva y unidad de cuenta a nivel global, hoy existen múltiples fuerzas estructurales y cíclicas que anticipan una pérdida progresiva de su fortaleza relativa. Este fenómeno ocurre en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica y económica: el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la aplicación de políticas proteccionistas como aranceles recíprocos, las tensiones comerciales con China, los conflictos persistentes en Europa y Oriente Medio, así como los profundos desequilibrios fiscales de Estados Unidos, dibujan un panorama complejo y volátil para los mercados internacionales. Desde Criteria, el reciente Comité Global de Inversiones —reunión trimestral para definir estrategias internacionales— analizó este nuevo escenario, concluyendo que nos encontramos frente a un cambio en las reglas del juego que obliga a revisar el peso del dólar en los portafolios. 

A corto plazo, el endurecimiento de las políticas migratorias, la caída de la confianza empresarial y los altos costos de producción derivados de nuevos aranceles limitan el crecimiento estadounidense, presionan la inflación y podrían acelerar una recesión. A largo plazo, el llamado “Acuerdo de Mar-a-Lago” impulsa una estrategia deliberada de debilitamiento del dólar para recuperar competitividad manufacturera y reducir los déficits gemelos —comercial y fiscal—, una visión que reconfigura el sistema monetario global. La historia ofrece una advertencia clara: medidas similares en los años 20 y 30 del siglo pasado agravaron la Gran Depresión, lo cual subraya la importancia de actuar con estrategia. 

En este nuevo (des)orden mundial, la gestión de portafolios debe priorizar la diversificación fuera del dólar, manteniendo como referencia su rol como unidad de cuenta, pero buscando retornos superiores en otras monedas. Un ejemplo contundente es lo ocurrido entre 2001 y 2008, cuando el dólar perdió más de 40 % de su valor y las monedas emergentes se apreciaron más del 90 %, impulsando el rendimiento de la deuda local a niveles superiores al 15 % anual. Este mismo entorno favoreció a los commodities, con una suba superior al 100 %, y al oro como reserva de valor, con un retorno promedio del 19 % anual. En cuanto a renta variable, se observó un mejor desempeño de los mercados globales frente al estadounidense: mientras el S&P 500 rindió un 4,2 % anual, el índice MSCI ACWI —que incluye 47 países— alcanzó un 8,9 %. Por ello, desde Criteria se propone una estrategia progresiva que combine: mayor exposición a deuda emergente en moneda local, diversificación en renta variable mediante el índice MSCI ACWI, y una participación táctica en el segmento US Large Cap Growth, especialmente en empresas con sólidos balances y alto potencial de crecimiento gracias al avance de la inteligencia artificial. 

En resumen, la redefinición del orden monetario mundial representa tanto un desafío como una oportunidad: anticiparse a estos cambios estructurales permitirá construir carteras más resilientes, adaptadas a un mundo multipolar, y mejor posicionadas para capturar el valor que emergerá fuera del eje tradicional del dólar.

 

El nuevo (des)orden mundial comanda la estrategia
El Economista. Publicado el 20 de mayo de 2025.
Disponible en: https://eleconomista.com.ar/finanzas/el-nuevo-desorden-mundial-comanda-estrategia-n84913